Enchufarme al mundo, me aporta conocimiento, información externa, pero también saturación y recalentamiento mental, con riesgo de colapso cerebral irreversible.
Desenchufado del mundo, me encuentro a mí mismo, o me obligo a buscarme, según la vibración del momento.
Son dos estados "insolapables", pero constantemente presentes. No se puede dejar de estar en uno u otro.