No es bueno dejar de escribir, aunque no tengas nada que decir.
Escribir activa las neuronas, alimenta y enriquece la capacidad de expresión, tanto escrita como oral. No importa que tu ortografía sea mediocre, tampoco importa que la composición o construcción deje que desear. Importa la labor de hacer, mantener despierto ese aspecto tan esencial para un ser humano. Cuántas veces no hemos sabido expresar... y ha dado pie a erróneas interpretaciones, con funestos resultados, que podían haberse evitado perfectamente. O quizás peor, hemos decidido guardar silencio ante la imposibilidad de expresar aquello que queríamos o necesitábamos transmitir.
No es bueno dejar de escribir, aunque no tengas nada que decir.
Escribe,... aunque sea sólo para ti.